(15-04-08 – Agencia CyTA-Instituto Leloir- Por María Cristina Chaler) – El principal combustible de nuestro organismo es la glucosa, provista por los alimentos que llamamos farináceos, es decir, elaborados con harinas que son el producto de la molienda de diferentes cereales. El almidón, principal componente de las harinas, es una molécula formada por encadenamientos de glucosa, una de estructura lineal (amilosa) y otra con ramificaciones (amilopectina).

Ingresado el alimento al organismo y luego del proceso digestivo, el almidón se reduce a la molécula más simple que lo forma, que es la glucosa, combustible importantísimo para todo organismo vivo, del que no pueden prescindir partes de nuestro cuerpo como el cerebro y los glóbulos rojos (eritrocitos).

El hígado es el órgano más importante en el metabolismo de la glucosa y en él se producen varios procesos relacionados con esta molécula:

• Glucógenogénesis: proceso a través del cual se forma un polímetro de reserva llamado glucógeno que está constituido por una cadena ramificada de moléculas de glucosa. Es anabólico (marcha de lo simple a lo complejo) y requiere gasto de energía.

• Glucógenolisis: cuando el organismo requiere un aumento de glucosa el glucógeno comienza a degradarse, a través de un proceso catabólico (marcha de lo complejo a lo simple); de este modo la glucosa se libera a la sangre y mantiene su nivel (glucemia).

• Glucólisis: Este es un proceso de acumulación de energía química en forma de ATP. Mediante el mismo, la glucosa se transforma y el producto final será el piruvato (CH3CO.COO-) (catabolismo) si hay presencia de oxígeno, que se oxidará a dióxido de carbono (CO2) y agua (H2O), en las mitocondrias a través del ciclo del ácido cítrico. Cuando hay falta de oxígeno, el piruvato se transforma en lactato (CH3COHCOO-), que es un intermediario importante de este ciclo.

• Gluconeogénesis: proceso cuyos productos son la glucosa y el glucógeno a partir de ciertas moléculas que no necesariamente provienen de glúcidos.

Mediante esta vía, se compensa la falta de glúcidos por una alimentación deficiente. Se produce principalmente en el hígado, pero también, en riñones.

El músculo también necesita de glucosa y en él hay reserva de glucógeno ( 2/3 del total del cuerpo humano) producto de la glucogenogénesis. Cuando se realiza mucho esfuerzo o trabajo de contracción se utiliza, a diferencia del hígado, el músculo no aporta glucosa a la circulación sino que la consume para sí a través de la glucólisis.

Para los glóbulos rojos, la glucólisis es el único proceso de donde sacan energía, debido a que no poseen mitocondrias.

El tejido del sistema nervioso depende en forma casi exclusiva de la glucosa como proveedora de energía

Este importante combustible es el que nos mantiene vivos y sanos ya que todos los tejidos lo usan para vivir. Existe un perfecto equilibrio a través del cual se asegura el nivel de glucosa en sangre. El Gran laboratorio es el encargado de que éste no descienda.

Resumiendo

• Los glúcidos que ingresan a través de la alimentación se absorben en el intestino y pasan a la sangre que los conduce al hígado.

• En el hígado, la glucogenogénesis los acumula como reserva en la molécula de glucógeno.

• Por glucólisis, se transforma la glucosa en piruvato que por la vía de la gluconeogénesis es transformado nuevamente en glucosa o glucógeno.

• La sangre transporta la glucosa desde el hígado al músculo y allí se podrá acumular como reserva de glucógeno para el momento en que se requiera elevar el nivel de glucosa en la zona, o bien se transformará mediante la glucólisis en piruvato o lactato.

• El lactato formado en el músculo regresa al hígado transportado por la sangre y allí se transforma nuevamente en piruvato que reiniciará el ciclo.

Esta enorme eficiencia del Gran Laboratorio es la que genera la energía necesaria para que cada uno de los tejidos del organismo vivo se mantenga sano.