Cada 11 de febrero, desde 2015, se conmemora en todo el mundo una jornada dedicada a estimular la integración femenina a las disciplinas STEM: aquellas vinculadas a la ciencia, la tecnología y las matemáticas. Sin embargo, las mujeres siguen siendo minoría en este tipo de carreras y existen obstáculos que les impiden progresar. La maternidad y el peso del rol femenino como cuidadora conspiran contra su desarrollo.

(Agencia CyTA-Leloir).- A pesar de que desde 2015 cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la brecha de género en las llamadas carreras STEM, vinculadas con la ciencia, la tecnología y las matemáticas, permanece lejos de cerrarse: un estudio reciente de la UNESCO reveló que en el mundo más mujeres que varones acceden a estudios superiores, pero todavía sólo 1 de cada 3 personas que se dedican a la investigación científica es mujer; ellas representan apenas el 35% de quienes se gradúan en esas disciplinas y la mayoría se desempeña en ámbitos públicos y académicos. Los varones, en tanto, se orientan más hacia el mercado privado.

El lema elegido este año por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) y la Unesco es “De la visión al impacto: redefiniendo STEM cerrando la brecha de género”.  El objetivo, señalan, es cambiar el enfoque centrado en las recomendaciones y la reflexión hacia la exhibición de buenas prácticas y soluciones existentes.

“Un día en el año no es suficiente, se queda en maquillaje, no va al fondo de la cuestión”, resaltó a la Agencia CyTA-Leloir la licenciada en Psicología y doctora en Estudios de Género Victoria Cano Colazo. “Estimular la participación de las niñas y mujeres en las ciencias demanda un proyecto institucional, todos los días del año. Y hay que empezar desde las infancias. Si pensamos que en los ámbitos de la educación formal obligatoria las mujeres y diversidades tienen espacios androcéntricos y hostiles para desarrollar identidades y ciertas vocaciones, cuando llegamos a la universidad muchas veces ya es tarde”, añadió la becaria posdoctoral del CONICET en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

Justamente, con la intención sostenida de vincular a las niñas y jóvenes con la investigación científica desde los primeros años y estimular así vocaciones es que Cano Colazo fue curadora de la muestra “Mujeres en la Ciencia”, exhibida en el C3 y luego en Tecnópolis, que también recorrió varias provincias del país.

“[La muestra] es la historia de una niña, Amanda, y toma en cuenta su recorrido desde que era chica y tiene inquietudes científicas. Se expone lo que ella vivencia en la escuela y en la universidad y cómo los aspectos ‘privados’ influyen en los ‘públicos’”, detalló Cano Colazo. Y agregó que “la muestra también expone biografías internacionales de pioneras desde el punto de vista de la epistemología feminista y teorías de género, que abarcan distintas disciplinas y científicas de varios países del mundo”.

Victoria Cano Colazo es doctora en Estudios de Género y realizó una investigación sobre la conciliación entre la vida privada y profesional de investigadoras del CONICET.

En su tesis, titulada “No hay doctorado que te salve del patriarcado”, que dirigió la doctora en Filosofía e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la UBA Diana Maffía, Cano Colazo indagó sobre los retos en la conciliación entre la vida privada y profesional de investigadoras del CONICET y situaciones como la maternidad y otros obstáculos ligados al género.

“Las dificultades asociadas a la maternidad no sólo son un problema en Argentina, sino que están presentes en la mayoría de los países. Se trata de dar acompañamiento desde el Estado y las instituciones para que las mujeres puedan investigar y ser madres, si es que lo quieren”, expresó.

Las posibilidades de acceder a puestos de jerarquía también muestran brechas de género importantes. En el CONICET, por ejemplo, si bien el 54% de las investigadoras son mujeres, la mayoría se concentra en las categorías “adjunto” y “asistente”; y de los 136 investigadores “superiores”, sólo 47 son mujeres.

Para Cano Colazo, un problema no menor es la violencia de género, el maltrato y los abusos y agresiones sexuales hacia mujeres al interior de la vida académica, temas que ella aborda en una parte de su tesis y varias investigaciones sobre el tema, además de un audiovisual titulado Mujeres y Academia en la Argentina, la sombra de la igualdad, de reciente publicación.

“La ciencia -afirmó Cano Colazo- fue construida desde una perspectiva androcéntrica, donde lo masculino se identifica con lo universal, racional y objetivo, mientras que lo femenino es relegado a lo emocional, subjetivo y particular. Esta separación respaldó la exclusión de las mujeres de la ciencia, al considerarlas emocionalmente inestables para participar en los procesos y productos de investigación científica”. Para la investigadora, las mujeres continúan asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidado: eso genera carga desproporcionada y perpetúa las desigualdades de género en el ámbito profesional científico. “Ese sesgo androcéntrico y misógino que afecta todas las teorías se reproduce en las investigaciones, en las decisiones de a qué se le da financiamiento y tilda de universal un conocimiento que siempre es parcial”.