Un estudio preclínico conducido por científicos del CONICET, del Instituto Leloir y del Hospital Italiano sugiere que un tratamiento precoz de la inflamación periférica podría mitigar el daño en las lesiones corticales  impidiendo la reapertura de la barrera hematoencefálica y frenar la exacerbación del proceso neurodegenerativo en esa enfermedad crónica autoinmune. 

(Agencia CyTA-Leloir)-. Tratar de manera temprana la inflamación periférica, es decir la que ocurre fuera del sistema nervioso, podría tener un efecto protector del cerebro en la esclerosis múltiple. Así lo sugiere un estudio argentino realizado en un modelo animal de esa enfermedad neurodegenerativa que afecta a 3 millones de adultos jóvenes en todo el mundo y a más de 12 mil en nuestro país.

“La información recogida en nuestro estudio preclínico serviría no tanto como tratamiento directo para la enfermedad, sino como una nueva medida de prevención a tomar en cuenta. Futuros trabajos tendrán que confirmarlo”, indicó la doctora en Ciencias Biológicas Carina Ferrari, líder del estudio e investigadora del CONICET en la Fundación Instituto Leloir (FIL)

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica caracterizada por ataques del propio sistema inmunológico a la sustancia que recubre los nervios (mielina). Esta enfermedad, además de las lesiones en la sustancia blanca, también produce lesiones en la corteza cerebral (sustancia gris) que causan diferentes niveles de discapacidad en los pacientes.

En estos tiempos se ha aprendido mucho de enfermedades como la COVID-19, que provoca una hiperinflamación periférica enorme inducida por una “tormenta de citoquinas”, apuntó Berenice Silva, médica neuróloga, primera autora del trabajo e integrante del  laboratorio de Fernando Pitossi en la FIL.

“Es importante tratar estas infecciones periféricas lo más rápido posible en los pacientes con esclerosis múltiple a fin de impedir una exacerbación de las lesiones y de los síntomas”, añadió.

Hallazgo

En trabajos previos, los investigadores desarrollaron un modelo en ratas que simulan las lesiones de la corteza de la esclerosis múltiple. Este modelo induce procesos biológicos característicos de la enfermedad: una inflamación en el cerebro que genera una ruptura de la barrera hematoencefálica, que es un complejo formado por capilares (vasos sanguíneos) y células neurales que protegen al tejido nervioso de la entrada de posibles patógenos, células inflamatorias y otras sustancias dañinas.

“En algunos casos, la barrera hematoencefálica se puede recuperar luego de un tiempo en pacientes con esclerosis múltiple. En el nuevo trabajo nos propusimos analizar si la barrera se volvía a cerrar en nuestro modelo animal de la enfermedad luego de un determinado tiempo y descubrimos que eso ocurría alrededor del día 56 después de producida la lesión”, explicó Silva, quien también ejerce como neuróloga de la Clínica de Esclerosis Múltiple del Hospital Ramos Mejía y del Hospital Italiano.

Los investigadores también se propusieron averiguar si una inflamación periférica podía exacerbar una lesión en la corteza aún con la barrera hematoencefálica cerrada que se suponía tendría un efecto protector.

“Para nuestra sorpresa, la inflamación periférica exacerbó la lesión en la corteza, a pesar de que esta lesión residual era tan chiquita que muchas veces no la podíamos ver. Además, en los animales empeoraban los problemas de memoria a corto plazo y volvían a aparecer síntomas de ansiedad”, indicó Ferrari.

Y concluyó: “Nos interesa realizar estudios de colaboración entre científicos y médicos y comprobar si esto también ocurre en pacientes. Si fuera así, atenuar de manera temprana la inflamación periférica podría tal vez reducir la extensión de las lesiones cerebrales características de la enfermedad”.

Del trabajo, publicado en “Multiple Sclerosis and Related Disorder” , también participaron Fernando Pitossi,  María Isabel Farías, Esteban Alberto Miglietta y María Celeste Leal, de la FIL y del CONICET, y Juan Carlos Ávalos, del Departamento de Neurología del Hospital Italiano.

Carina Ferrari, (izq.) directora del estudio, y Berenice Silva, primera autora.

En el estudio preclínico los investigadores comprobaron que la reducción de la inflamación periférica mitigaba las lesiones corticales características de la esclerosis múltiple impidiendo la reapertura de la barrera hematoencefálica que se visualiza en la imagen.