Una publicación de alta calidad describe la “historia evolutiva” de la primera institución de la República que atesoró la riqueza natural del país.

(16/07/2012 – Agencia CyTA-Instituto Leloir)- Una Circular del Triunvirato del 27 de junio de 1812 dirigida a los gobernadores y comandantes militares instruía sobre el envío de materiales para el establecimiento de un Museo de Historia Natural en Buenos Aires. La fotografía de ese documento, considerado el “acta bautismal” del museo, abre el libro “El Museo Argentino de Ciencias Naturales: 200 años”: una obra impecable que recorre los dos siglos de la institución ubicada desde 1937 en su actual edificio del Parque Centenario de Buenos Aires.

“El Museo es la primera institución de la República que intenta crear un espacio destinado a juntar, coleccionar y estudiar la riqueza natural del país”, señaló a la Agencia CyTA el editor del libro, Pablo Penchaszadeh, doctor en biología e investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (MACN).

Además de museo, el MACN es un centro activo de investigación en diferentes áreas. Científicos como Germán Burmeister, un naturalista y zoólogo que dirigió la institución durante tres décadas hasta su muerte en 1892, la transformaron en un centro de renombre internacional en el campo de la ciencia. En el museo se acumularon colecciones de figuras tan reconocidas como Florentino Ameghino, Ángel Gallardo y Martín Doello Jurado, entre otras. Además, posee la biblioteca más importante en obras antiguas de ciencias naturales del país. Hoy cuenta con un plantel de medio centenar de investigadores y 70 becarios.

El museo es único entre los institutos del CONICET. “Es como su ventana natural a la calle. Mientras los demás tratan de pensar cómo articular su ciencia con la sociedad, el museo ya está inserto. Lo que tiene que hacer es ir mejorando la calidad de la transmisión”, afirmó Penchaszadeh, quien además es miembro del comité editorial de la revista “Ciencia Hoy” y fue honrado en 2009 como “Caballero de las Palmas Académicas” de la República de Francia, por su trayectoria científica.

Para Penchaszadeh, los museos son únicos porque albergan y cuidan colecciones de todo el mundo “fundamentales para poder comparar y poder identificar fehacientemente las distintas especies”. Asimismo, el MACN ha incorporado recientemente la colección de tejidos para estudios genómicos de especies animales y vegetales y tiene vinculación con muchas instituciones internacionales similares para su estudio e intercambio.

El libro explora la historia del museo, la arquitectura, la museología, las colecciones y la investigación, y la redacción de las distintas secciones quedó en manos de especialistas reconocidos: el historiador de la ciencia Miguel de Asúa, el arquitecto José Martini, el experto en herpetología Marcelo Canevari, el curador Martín Ramírez y el biólogo  Guido Pastorino.

“La edición y la publicación se realizó en 6 meses”, destacó Penchaszadeh. ¿Quedaron cosas en el tintero? “¡Seguro! ¡Para el próximo libro!”, respondió entre risas.

 

Foto MACN nota

Taller de armado de esqueletos. Foto tomada posiblemente a comienzos del siglo XX.